MIS SYMBALOOS

martes, 4 de julio de 2017

TORNEOS Y JUSTAS.

En tiempos de paz, los caballeros se entrenaban para la guerra en torneos y justas que se celebraban al aire libre. Era una forma de mantenerse en forma, pero también les servía a los caballeros para darse a conocer y ganar fama entre los señores y las damas.

Los torneos eran espectáculos públicos muy apreciados. Consistían en una serie de juegos de habilidad, valor y astucia, en el que se exhibían con elegancia los caballos, las vestimentas, los blasones y las armas. Los caballeros jugaban al tiro con arco, a la quintena y a la sortija.


La sortija se realizaba a caballo y consistía en ensartar, al galope, la punta de la lanza en una anilla suspendida en el aire.



La quintena era juego que se realizaba a caballo, el jinete golpeaba con su lanza a un maniquí móvil que se hallaba sujeto a un eje, de tal modo que al ser sacudido se volvía contra el caballero, y este debía evitarlo.



Al finalizar cada prueba se entregaba una serie de premios.

Las justas eran un deporte de alto riesgo, pero los caballeros las preferían a los torneos porque les daban la ocasión de enfrentarse a un contrincante del mismo nivel. Era el plato fuerte de los espectáculos caballerescos, y, a diferencia de lo que ocurría en los torneos, a los campesinos se les permitía asistir como espectadores.

Luego, los contendientes se disponían cara a cara a ambos lados de una barrera y, montados sobre sus caballos, arremetían a galope tendido tratando de derribar con una lanza a su adversario.

En las justas las armas eran de verdad, con lo que los que combatientes incluso podían morir, pero tenía que correr ese riesgo si quería ser considerado valiente.
En los torneos en cambio se utilizaban armas simuladas.


Los vencedores se llevaban como premio el caballo y la armadura de los vencidos.

En las tiendas de campaña los caballeros se ponían la armadura con ayuda de su escudero y descansaban después de la justa.


SITIAR UN CASTILLO.

Vivir en un castillo no era fácil, otros nobles codiciaban tus tierras y querían conquistarlas.  Se vivía constantemente bajo la amenaza de ser sitiados.

El señor con sus caballeros y su ejército rodeaba el castillo que querían atacar. Levantaba un campamento y esperaba…. Y esperaba… hasta que, una de dos, o el señor se rendía o se moría de hambre. Si la cosa se alargaba atacaban.


No era fácil asaltar los altos muros del castillo, pero las catapultas ayudaban bastante. Se utilizaban para lanzar piedras contras las almenas.

Los atacantes lanzaban excrementos al interior del castillo para propagar enfermedades.


También utilizaban el ariete, un gran tronco de madera y terminado en punta que sirve para echar abajo la puerta del castillo.

Para intentar entrar en el castillo utilizaban escaleras que apoyaban en las murallas del castillo. 

ESPADAS DE GLOBOFLEXIA.

El rey Juanito Pelotilla cuando vino a investirnos caballeros en compañía de su dama nos trajo espadas de globoflexia. Nos lo pasamos genial. 







¡Muchísimas gracias Juan y Mari Carmen!
Menudo trabajazo hacer 46 espadas para las dos clases de 4 años. 


JUANA DE ARCO.


Juana de Arco fue una santa y heroína francesa, en 1429 intentó salvar al rey de Francia conduciendo un ejército en la batalla. 

Estuvimos viendo un fragmento de una película donde se le ve luchando con el resto de caballeros. 

Al hablar de ella en clase a los niñ@s les he obviado la manera tan trágica de morir (fue quemada). 





ARMAS DE LOS CABALLEROS.

El arma más utilizaba por el caballero era la espada, a la que solía poner un nombre, normalmente femenino (el Cid Campeador llamó a su espada Tizona).  Con ella solía atacar a sus enemigos tanto a caballo como en la lucha cuerpo a cuerpo.

ALABARDA

ARCO

BALLESTA

ESPADA

HACHA

HACHA

HACHA DE DOBLE FILO

HACHA

LANZA

MAYAL

MAZA


video




NUESTROS CABALLOS.

Un caballero tenía que tener su propia armadura y su caballo (el caballo también lleva protección para la batalla). El caballo de batalla se denomina corcel.


Para ser unos auténticos caballeros solo nos faltaba nuestro caballo, con ayuda de algunas mamás y de una abuela estuvimos elaborando el nuestro. 











¡Muchísimas gracias por ayudarnos a elaborar nuestro caballo!

jueves, 29 de junio de 2017

NOS INVESTIMOS CABALLEROS.



El bufón del castillo del rey Juanito Pelotilla nos dejó un mensaje en nuestro blog y nos dijo que el rey iba a venir a nuestra clase a investirnos caballeros a nosotros y a los otros compis de 4 años y que teníamos que ponernos un nombre de caballer@. Tod@s estábamos muy content@s de poder ser investidos caballer@s.

Nuestra investidura acabó con un juramento en el que nos comprometíamos a:

SEGUIR A NUESTROS COMPAÑEROS
Y AYUDARLES ANTE CUALQUIER ADVERSIDAD,
TANTO EN LA CLASE DEL HOMENAJE
COMO EN EL PATIO DE ARENA,
OBEDECER SIEMPRE A LA “SEÑO”
Y A NUESTRAS FAMILIAS,
NO RETROCEDER JAMAS ANTE EL ENEMIGO
Y DEFENDER EL BIEN FRENTE AL MAL.










 ¡Muchísimas gracias Juan! Es todo un placer que hayas hecho de mago, de pirata, de rey... y el curso que viene más, jejeje.

LOS CABALLEROS.



Los caballeros eran guerreros que debían comportarse con educación. Solían estar al servicio de un noble y este a su vez ofrecía al rey lealtad. 

Los reyes y los nobles necesitaban un ejército para defender sus tierras. Los caballeros servían a su señor.

Mientras los hombres eran caballeros, las damas defendían el castillo de sus esposos. Pero algunas se fueron a la guerra como Juana de Arco (en 1429 intentó salvar al rey de Francia conduciendo un ejército en la batalla). 



Como el caballo, la armadura y los sirvientes del caballero tenían un precio elevado, solo podían convertirse en caballeros los jóvenes de las familias más adineradas. Sólo podían ser caballeros los nobles.

Para convertirse en caballero, el noble tenía que seguir un entrenamiento.

Cuando un niño cumplía siete años, abandonaba a su familia para convertirse en paje del castillo de un señor, generalmente un amigo de su padre o un tío.

Éste le enseñaba a ensillar el caballo y a montar y también debía aprender como sentarse en la mesa y comportarse como caballero. A cambio el paje debía atender todos los recados que le encargaban, servir en la mesa a su señor y tratar a todo el mundo con corrección y respeto.

Recibía una educación básica de manos del clérigo del castillo. La educación incluía nociones de historia, de geografía, de religión y un poco de lectura y escritura al menos para escribir su nombre. 

 
Con 14 años el paje se convertía en escudero. Le enseñaban a manejar la armadura y comenzaba el adiestramiento militar. Acompañaba a su señor a la guerra, aunque su cometido era llevar el escudo de su señor, ayudarle a ponerse y quitarse la armadura, cuidar de sus armas, limpiar sus armas y su armadura y encargarse de los caballos. A cambio, lo entrenaban físicamente y lo preparaban para la guerra. 


Cuando el escudero ya estaba preparado, que solía ocurrir a los 20 años, celebraban una ceremonia denominada investidura, tras la cual quedaban convertidos en caballeros.

La ceremonia de investidura comenzaba la noche anterior, cuando el caballero se encerraba en una capilla y se pasaba toda la noche sin comer y en vela rezando junto a sus armas. A esto se le conocía como “velar las armas”.

Al amanecer abrían las puertas y entraban todos. Sus armas eran colocadas en el altar y un sacerdote las bendecía. A continuación, el caballero se colocaba de rodillas a ante su señor, en señal de sumisión y respeto y este le daba con su espada en los hombros proclamándolo caballero. Este golpe con la espada se conocía con el nombre de “espaldarazo”. 

Si el señor no estaba en el castillo podía ser la dama quien invistiera caballero al escudero.  
 


La investidura terminaba con un juramento en el que el caballero se comprometía a ser valiente y recto, a luchar sin miedo en el campo de batalla, a ser fiel siempre a Dios y a su señor, no mentir jamás, aunque le costara la vida, ser amable con
los débiles, cortes con las mujeres y proteger siempre al indefenso. Tras este juramento quedaba convertido en caballero.

En ocasiones si el escudero protagonizaba alguna proeza en el campo de batalla el señor lo nombraba caballero en ese mismo instante. El escudero solo debía ponerse de rodillas para que su señor le golpeara con su espada en los hombros.